En todas las medidas de fuerza tomadas por los gremios docentes, sea cual fuese el reclamo principal, siempre aparece “colado” en carteles y pancartas el retórico caballito de batalla que reza “En defensa de la escuela pública”. No es objetivo de este artículo discutir “lo público” o “no público” de las instituciones estatales, cosa que ya hemos hablado aquí con anterioridad y que a escrito, con inmejorable claridad política, Mariano Fernández Enguita. Lo que sí me propongo es desenmascarar la trampa de los sindicatos docentes que en tren de sus disputas mafioso-burocrática llaman a la huelga generando acciones de carácter antipopular y de una gran injusticia, sin contar el importante afluente que representan a la confusión y contaminación política.
La función de la escuela
Desde la perspectiva que intenta desentrañar el carácter social de la educación en la sociedad industrial podemos afirmar que las claves, el gran armazón de control y disciplina vertical que posee la escuela en su función vital en la sociedad capitalista son las rutinas y las didácticas.
Si la TV, el cine, Internet, la radio y demás instrumentos de difusión masiva de propaganda han demostrado ser imponentes en su eficacia a la hora de divulgar contenidos e ideas, ¿por qué siguen existiendo las escuelas que son tan costosas y burocráticas? Pues porque allí se aprenden cosas irreemplazables para sus planes. A saber: con las rutinas se aprende a respetar a las autoridades impuestas por el poder, aunque estas sean ineptas e ineficientes; a idolatrar símbolos y personajes extraños; a controlar el cuerpo en fusión de espacios reducidos y de los intereses de terceros; a hacer silencio para escuchar a los dueños del saber; a someterse, respondiendo eficazmente, a largas jornadas de producción. Con relación a la didáctica se aprende a que el saber es un algo acumulable siempre dentro de límites estancos; a que el lenguaje es patrimonio de eruditos que lo producen, a aceptar pasivamente y resignar pacíficamente la imposición de un modo de lenguaje prefabricado y la pérdida de la riqueza constructiva del lenguaje; a que la historia está hecha por grandes hombres, con dotes metafísicas, siempre occidentales, violentos e “liustrados”; a que la matemática es solo realizable por los “buenos para eso” y que el resto debe acceder solo a sus partes más formales; a que el arte es exclusivo para los que nacieron con el “don”; a que el poder en manos de los funcionarios llegó allí de manera natural y para quedarse; que el trabajo no es placentero y que el juego nada tienen que ver con la producción; que las emociones no deben interrumpir la tarea; etc.
Al igual que las demás instituciones del estado burgués la escuela cumple con su función. Así se suma a la cárcel, al manicomio, al hospital, a la gendarmería, a la policía, a la corte suprema, al gabinete de ministros. Todos apuntando sus popas hacia el norte de las ganancias de los monopolios.
Sin embargo quisiera señalar una diferencia entre las instituciones estatales; distinción que actúan como una grieta. Se trata de la vocación. Hay ciertos trabajos que exigen un plus. Todos los que se inician en esas tareas lo saben: los médicos, los enfermeros, los bomberos, los socorristas, los docentes, etc. De entrada, estos trabajadores (sean asalariados o no) saben que tendrán que dar, aún sin recibir nada a cambio.
De todas maneras yo tengo, ahora, luego de venir procesándolo durante años, una visión más política de la vocación. Parto de la conciencia de saber que mi pueblo está en guerra con su enemigo de clase. Desde esa concepción voy a trabajar todos los días. La escuela como trinchera. Trabajo en el barrio en el que nací, con niños de mi misma clase, con familias de laburantes como la mía. Es decir, voy a mi lugar de lucha, con mi gente. Mi compromiso con las masas está en otra esfera que la relación laboral. Si mañana, imaginemos, bombardearan Bs. As. y el estado no pagase los sueldos por largos meses, yo iría a la escuela todos los días. Para seguir peleando. Y porque es el lugar donde voy a poder sobrevivir.
Por lo tanto, la única manera que tengo de protestar es con la gente a la que pertenezco. Si voy a protestar será en la escuela, en mi barrio
El plusvalor
Hace poco un lector escribió con gran claridad lo siguiente en un comentario: “no es lo mismo una huelga en una institución de educación pública que en una fábrica, donde los intereses del patrón se ven afectados más directamente”. Luego agregaba que algunos maestros le contraargumentaron que “en cualquier huelga el primer afectado es el hombre común”. Es claro que lo único en que piensan los maestros huelguistas es en sus privilegios. Es típico de su clase media mediocre. El proletariado en una huelga sufre, sin dudas. Pero no más que cuando trabaja. En todo caso se trata de adelantar los tiempos de la muerte. Si trabajás te matan. Sino también. El burgués puede sobrevivir más tiempo, no es novedad. El proletariado no tiene nada que perder, los maestros sí. Están en, ese aspecto, como los artesanos, un poco más cerca del patrón que del asalariado
Definitivamente la huelga es la gran herramienta de lucha sindical y política de la clase obrera. Por su valor estratégico. Golpea donde duele: las ganancias. Ese es el único idioma que entiende la burguesía. Ahora bien, pregunto, ¿qué se produce en una escuela? Conocimiento. ¿Cómo se produce? Socialmente, al igual que en la industria. ¿Y quién se apropia de ese saber? Pues hay apropiación individual y social. Cada uno es dueño de su saber y a su vez del saber social.
Por lo tanto, si hacemos una huelga en las instituciones educativas estatales estamos frenando la producción de, al menos, un tipo de conocimiento. No el más importante saber, ni siquiera un saber vital para los alumnos, pero si irrepetible. Porque la familia, la vida política, los amigos, la TV y los libros enseñan pero otras cosas y, sobre todo, de otra manera. Hay un punto de partida para ciertos conocimientos que solo se accede en instituciones del estilo de la escuela moderna. No estoy diciendo que esos conocimientos son en su totalidad, ni siquiera en su mayoría, buenos, liberadores o saludables (según reza la bravuconeada docente) para quienes los adquieren. Justamente en la primer parte de este texto señalé el carácter represivo de la didáctica y la disciplina..
Dialécticamente, allí donde la escuela es fuerte en acciones antiparticipativas y discriminatorias, allí es más débil. Existe inmensidad de maneras de esquivar, al menos en ocasiones, la función para la que la escuela capitalista fue creada. Desde ya que no es posible cambiar su carácter final. Nada de lo que se pueda sumar a la causa de las mayorías tiene un peso definitorio. Pero si se puede conspirar, construir poder popular, integrar políticamente, democratizar el acceso al conocimiento, equilibrar la balanza a favor de la diversidad y poner freno, en varios puntos, a la avaricia de los monopolios. Además es posible realizar una experiencia y un anticipo del trato que se va a recibir en la sociedad.
Por lo tanto no es lo mismo ir que no ir. Así que los que se autodenominan defensores de la escuela pública tendrán que hacerse cargo de esa contradicción. Si la defienden, por qué no la usan. Si es tan buena como para llevarla como consigna por qué no la ejercitan. Son los mismos que no aceptan el carácter nocivo del sistema disciplinario de las escuelas. Los mismos que, por el bendito espíritu de cuerpo, hacen la vista gorda frente a los maltratos a los niños y jóvenes y a la paupérrima formación del claustro en las escuelas populares y la mafia del sistema de puntajes.
Entonces, ¿quién se ve perjudicado al frenar la producción? Los hijos de los ricos (futuros dirigentes de la industria, la guerra y la política) tendrán clases los días de paro. Los hijos del pueblo rebotarán por la calle, sus familias se complicarán la existencia buscando un lugar para dejarlos mientras van a trabajar y los maestros… sabe díos que harán los días de paro.
Un argumento muy común entre los burócratas y cínicos es el siguiente: "yo, al hacer paro estoy enseñando a luchar". Este argumento ya no se lo puede discutir desde la política porque directamente ofende la inteligencia. Es como esos que dice que la radio fomenta la imaginación más que la tele pues tenés que imaginar lo que escuchas. Cómo será de importante una radio apagada entonces… Habría que imaginar voz e imagen.
También habría que diferenciar que no es lo mismo una huelga en la UBA (incluso dentro de las distintas carreras hay diferencias) que en las escuelas del Gran Buenos Aires o en el sur de la capital. Se trata de los intereses de los monopolios.
En general cada uno muere en la misma clase social en la que nació (salvo revolución socialista mediante o “milagros” de tipo H. Ford). La escuela no genera ascenso social. Ese es un mito de la generación del 80, al igual que el indio malo e ignorante, el progreso de la industria, los beneficios de los empréstitos, el enemigo chileno, etc. En este contexto a los monopolios y a su estado solo le interesas que no se corte la producción de conocimiento en aquellos lugares vinculados directamente a la producción. Es decir, sería intolerable para el capital financiero una huelga prolongada de docentes en Agronomía, veterinaria, ingeniería, en la UTN, en las escuelas medias que forman técnicos, en la Ramón Falcón. Mientras, en relación directamente opuesta, le importa muy poco lo que suceda en las primarias de Ciudad Oculta, Soldati, Fuerte Apache, Piedrabuena, etc. Mientras funcionen los comedores ( no sea cosa que vuelvan los saqueos) y las escuelas abran de vez en cuando para calmar al lumpenaje, todo bien...
Los sindicatos de los monopolios
Vivimos en una etapa del desarrollo del capitalismo en donde todas las instituciones están sometidas a los designios de los monopolios. Los sindicatos son un engranaje fundamental en la maquinaria de la explotación y opresión al pueblo. Esto no tiene retorno. Es y será así. Nuevas organizaciones, desde la autoconvocatoria, irán reemplazando a los gremios traidores. Los sindicatos docentes no están ajenos a esto ni mucho menos. Es más están a la vanguardia de la entrega y la corrupción. Se han trasformado en organizaciones delictivas de ventas de cursos truchos y turismo tilingo.
En lo que se llama (y no por casualidad eligieron este término darwinista) carrera docentes los maestros y profesores acceden a cargos y ascenso mediante un sistema de puntajes que se obtienen pro cursos, carreras, publicaciones, etc. En su momento, con la vuelta de la democracia, este método significo una avance y resultó de enorme fuerza progresista frente al sistema “a dedo” de la dictadura. Pero hoy el mercado se ha apoderado de la estructuras y se ha abierto una guerra entre las gremios-mafias por ver quién vende más y quién accede a los cargos. En el año 2006 el sindicato SEDEBA facturó $1.000.000 en cursos. En 2008 esta banda ganó las elecciones de la nefasta Junta de Clasificaciones. Es decir, ellos inventan los cursos, ellos deciden cuanto puntaje da, ellos lo cobran. Todos los gremios están en esto. TODOS. Incluso, los delegados honestos, que los hay, no hacen más que servir de base social de estas mafias.
Por todo lo anterior y por años de sufrir patotas, aparateo, discriminación y burocracia no me sumo a medidas sindicales.